Estos grandes almacenes de estilo Art Nouveau son una visita obligada en cualquier época del año. El edificio principal destaca por su belleza arquitectónica, sus balcones dorados y su impresionante cúpula, que permite la entrada de luz natural desde hace 130 años.
En Navidad siempre tiene una decoración especial y un gigantesco árbol en el hall, que es diferente cada año. Además, la terraza panorámica de la séptima planta permite asomarse sobre París y descubrir sus monumentos más importantes desde otra perspectiva.
Entre el Museo del Louvre y la Plaza de la Concordia se instala el mercado navideño de las Tullerías. Debido a su ubicación suele estar muy concurrido y está abierto desde mediados de noviembre hasta los primeros días de enero.
Es ideal para familias porque hay atracciones, numerosos puestos de comida y casetas donde comprar regalos. Además, cuenta con una pista de hielo y una gran noria que permite ver la Pirámide del Louvre a sesenta metros de altura. ¡Seguro que esa imagen no se te olvida nunca!
El bohemio Barrio de los Pintores no puede faltar en un recorrido por París. Un funicular sube hasta la cima de la colina, donde está la famosa basílica del Sacré-Coeur, y desde allí hay unas vistas impresionantes de la ciudad.
Montmartre derrocha encanto, así que entra a sus pequeñas librerías, siéntate en algún café, date un capricho en una pâtisserie… Y no te pierdas la animada Place du Tertre, donde decenas de artistas pintan, exponen y venden sus obras.
El monumento más icónico de París fue construido en 1889 para la Exposición Universal de ese año. Con sus 330 metros de altura actuales es la estructura más alta de la ciudad, y a pesar de la controversia que generó inicialmente, se ha convertido en un emblema a nivel mundial.
En Navidad, la Torre Eiffel brilla más que nunca y merece la pena desafiar el frío para verla iluminada. Eso sí, si tienes intención de subir, te recomiendo comprar las entradas online con tanta antelación como puedas, porque son fechas muy solicitadas.
Una forma diferente de verla es hacer un crucero al atardecer por el río Sena. Es una experiencia muy bonita pero, para disfrutarla de principio a fin, sigue mi consejo y abrígate bien.
La gastronomía hace de París un destino maravilloso. De hecho, creo firmemente que cualquier persona podría ser feliz unos días paseando junto al Sena con una baguette bajo el brazo.
Si el pan no es suficiente para ti, prueba los famosos macarons, el pain au chocolat, las crêpes, los croissants… Y para engañar un poco al frío invernal, compra un vino especiado (vin chaud) mientras recorres algún mercadillo navideño.
Otra opción es acercarte al barrio de Saint-Germain-des-Prés y tomar un chocolate caliente en el Café de Flore o en Les Deux Magots. Ambos fueron punto de encuentro para escritores, artistas e intelectuales como Simone de Beauvoir, Ernest Hemingway, Picasso… Incluso Jim Morrison los frecuentó durante sus últimos meses de vida.
En París abundan los mercadillos navideños y es fácil encontrarlos sin buscarlos. Aunque tienen más encanto al atardecer, cuando las luces ya están encendidas, están menos concurridos durante la mañana.
Además del instalado junto al Jardín de las Tullerías, nos gustó mucho el Marché de Noël del Champ de Mars. Sobre todo por sus casetas de madera pintadas de rojo con tejaditos «nevados» y por sus insuperables vistas de la Torre Eiffel.
En el barrio de Montmartre, junto a una boca de metro, está el mercado de la Place de Abbesses. Es pequeñito y tiene un ambiente más local, con casetas de artesanía y productos muy franceses. En el barrio de Saint-Germain-des-Prés el mercadillo es más exclusivo, y ya menos céntrico, junto al moderno arco del barrio de La Défense, se puede visitar el más grande de la región.
Los escaparates de las boutiques y grandes almacenes parisinos son un atractivo más en estas fechas. Las decoraciones temáticas de las Galerías Lafayette, La Samaritaine, Printemps Haussmann, BHV o Le Bon Marché Rive Gauche se superan año tras año y las tiendas pequeñas también se dejan llevar por el espíritu navideño.
Además, desde mitad de noviembre hasta los primeros días de enero, la avenida de los Campos Elíseos resplandece gracias a las guirnaldas de luces que decoran sus árboles. También se ilumina el Boulevard Haussmann, la Avenue Montaigne, el Passage Jouffroy o la Place Vendôme, que nos recuerda lo mucho que nos gustó también la Navidad en Bruselas.