Tras buscar información, comparar opciones y ver qué encajaba mejor con nuestros planes para cada día en París, optamos por Bateaux Parisiens. Su «crucero con guía» tiene una duración aproximada de 1 hora y está al alcance de todos los bolsillos (17 €/adulto y 8 €/niño comprando en la web).
Al reservar online sólo hay que elegir una fecha y no es necesario concretar la hora de salida. Esto significa que dentro del día señalado puedes embarcar cuando quieras, lo que da mucha tranquilidad cuando viajas con niños, porque a veces surgen imprevistos.
Este crucero se realiza de lunes a domingo durante todo al año aunque, como puedes ver aquí, los horarios de salida y las frecuencias pueden variar ligeramente.
Al realizar la compra online recibes las entradas electrónicas con un código QR y la dirección del embarcadero. En este caso era Port de la Bourdonnais, justo al pie de la Torre Eiffel.
Una vez allí, enseguida verás los postes con el logo de Bateaux Parisiens y el embarcadero, que en nuestro caso era el número 3. Al llevar el ticket desde casa no hace falta pasar por ningún mostrador, así que fuimos directamente a la fila en la zona 3.1, que correspondía a personas con pasajes individuales (embarquement individuels avec ticket). Apenas tuvimos que esperar y el embarque fue muy rápido, saliendo con una puntualidad británica.
Las paradas de metro más cercanas al embarcadero de Bateaux Parisiens son Bir-Hakeim (línea 6) y Trocadero (líneas 6 y 9) y también las líneas de autobús 42, 69, 82 y 87.
Después de un par de días recorriendo París con niños, sentarte en un barco para surcar el Sena tranquilamente es como tomarse un pequeño descanso de las vacaciones. Y se disfruta un montón.
En este caso, «crucero con guía» significa que puedes usar tu smartphone para acceder a la información sobre los lugares que ves durante el paseo. Sólo hay que escanear un QR, seguir el enlace y elegir tu idioma (hay 11 opciones entre las que se incluye el español).
La parte inferior de nuestra embarcación estaba acristalada y en la cubierta superior, que fue donde hicimos el trayecto, había largos bancos de madera colocados a dos alturas. Gracias a esta disposición todos los pasajeros que están al aire libre tienen una vista panorámica inmejorable.
Como norma no se permite subir comida a bordo, así que nada de montar un picnic en cubierta. Sin embargo, no tuvimos ningún problema cuando llegó la hora de merendar y les dimos la fruta a los niños.
En caso de que necesites comprar agua, refrescos o algo de picar antes de subir al crucero o después, en el muelle hay máquinas expendedoras y una pequeña tienda de souvenirs. Además, aunque en el embarcadero no hay aseos, los barcos sí que suelen tener; pregunta a la tripulación en caso de necesidad.
Los cruceros turísticos de Bateaux Parisiens que, como este, salen de la Torre Eiffel sí que son accesibles para personas con movilidad reducida, algo que no sucede con el de Notre-Dame. Aún así, lo mejor es escribir un comentario a la hora de realizar la reserva online para dejar constancia, ya que el número de sillas de ruedas puede estar limitado en función de las características del barco.