La Sainte Chapelle fue construida por orden del rey Luix IX (1214-1270) que pasó a la posteridad con el sobrenombre de El Santo. La capilla formaba parte del Palacio de la Cité, que fue la residencia de los monarcas franceses y la sede de su poder entre los siglos X y XIV.
Actualmente tanto la Sainte Chapelle como la Conciergerie, cuya historia nos lleva hasta la época de la Revolución Francesa, pertenecen al complejo del Palacio de Justicia.
La razón de ser de la Santa Capilla fue convertirse en un gran joyero donde guardar reliquias de la Pasión de Cristo, como la Corona de Espinas, que ahora está en la Catedral de Notre Dame.
Por esta razón fue un símbolo del derecho de divino de los reyes y, como consecuencia, un blanco perfecto de ataques y daños durante la Revolución Francesa. Por suerte, sus preciosas vidrieras sobrevivieron, y tras su restauración en el siglo XIX son el verdadero tesoro de la capilla.