Callejeando un poco, enseguida llegamos al monumento más emblemático de Rodenas: una cisterna árabe (siglo IX). Se encuentra en la parte norte de la localidad, junto a la casa señorial de los Julianes, que es otro edificio importante, y es una obra de ingeniería hidráulica muy inteligente, pues aprovecha las peculiaridades del terreno.
Este aljibe recoge el agua de lluvia gracias a un sistema de pequeños canales esculpidos en el suelo rocoso de la ladera, destacando uno central que recorre toda la pendiente y al que se unen varios ramales.
La cisterna está cubierta por grandes losas de piedra escalonadas y sobre ellas hay una torrecilla circular con una cúpula de hierro que parece muy antigua. Sin duda, fue una idea muy ingeniosa para almacenar agua y es una de las pocas construcciones de este tipo que se conservan en España.
Precisamente estábamos especulando sobre la antigüedad del conjunto cuando un vecino se acercó y se ofreció a acompañarnos a otro rincón muy curioso de Rodenas: los lavaderos del Navajo.
Los lavaderos medievales de Rodenas están situados a las afueras del pueblo, pero aquí acaban las similitudes con otros que hayamos visto. De hecho, son totalmente diferentes a los tradicionales porque, en lugar de tener una gran pila, cuenta con varias individuales que están alineadas.
Como curiosidad, decir que el nombre del lavadero se debe a que las pilas están colocadas en un «navajo», que es un lugar donde abunda el agua de manera natural.
Además, junto a los lavaderos hay dos pozos muy antiguos, uno romano y otro árabe. Según nos contaron, sus aguas no son iguales, y las mujeres cuando hacían la colada cogían de un pozo para lavar y del otro para aclarar.
Como es lógico, el material del que están hechas las pilas es piedra de rodeno y las hay de diferentes tamaños. Las grandes eran más prácticas para lavar la ropa del hogar y las pequeñas para las prendas de vestir, aunque todas se dejaron de usar de forma habitual a mitad del siglo XX.
Nos gustó mucho pasear entre las casas rojas de Rodenas, cuyo patrimonio consigue conectar el presente con el pasado de una forma natural. Y lo cierto es que nuestra excursión fue más interesante gracias a la amabilidad de los rodeneros que nos regalaron recuerdos y anécdotas sobre su pueblo.
Sin embargo, nos faltó tiempo para ir al Hoyón, una gran dolina cercana a Rodenas, a la ermita de los Poyales o hasta la Piedra del Peruano, que está en el término municipal de Pozondón. Pero otra vez será.